top of page

Bajo la luz de la Virgen de Guadalupe: lo que en mí se abre

Hoy, con el Día de la Virgen como telón de fondo, me encuentro pensando en la energía materna y en todo lo que mueve dentro de mí.

En México, la Virgen de Guadalupe es más que una figura religiosa: es un arquetipo colectivo. Un símbolo que para muchas mujeres representa consuelo, refugio, presencia tierna y firme a la vez. Es madre protectora, pero también espejo: un lugar donde se proyectan nuestras nostalgias, nuestras expectativas y nuestras heridas más antiguas.

Esa imagen —tan arraigada en la memoria de este territorio— habla de cuidado, pero también de sacrificio, silencios, entrega absoluta y amor incondicional… ideas que, a veces sin notarlo, heredamos como mandatos. Y al mirarlas, inevitablemente se activan preguntas profundas sobre nuestra propia historia con lo materno.

No soy católica, pero tomo esta fecha y esta figura como un símbolo vivo: un recordatorio de todo lo que la energía materna despierta. Lo luminoso… y lo que aún duele. Te comparto algunas de mis reflexiones y un ritual que me ha ayudado mucho para acompañarme en este tema:



Mirar la herida con suavidad

Últimamente ha sido un trabajo muy personal: mirar lo que me duele alrededor de la madre.

La relación con mi madre real, con lo que fue y lo que no pudo ser.La forma en la que aprendí a pedir cuidado… o a no pedirlo.La tendencia a buscar afuera aprobación, sostén, permiso para ser vulnerable.

Y ahora, poco a poco, el aprendizaje distinto:darme yo misma ese acompañamiento, sin dureza, sin exigencia, sin castigo.

Una maternidad interna que no abandona cuando tiemblo.Que no me pide estar “bien” para poder quererme.Que respira conmigo cuando algo se rompe adentro.


La energía materna como práctica viva

Para mí, esta energía no es una idea abstracta.Es una práctica cotidiana, un gesto que se encarna en lo simple:

Cómo me hablo cuando cometo un error.Cómo descanso.Cómo cuido mi cuerpo y mi casa.Cómo me sostengo cuando aparece la inseguridad o el miedo.Y también cómo me relaciono con los demás: cómo cuido, cómo pongo límites, cómo acompaño sin perderme, y cómo doy y recibo amor sin esconder mi vulnerabilidad.

Porque lo materno, cuando se vuelve consciente, no es solo proteger:es aprender a nutrir sin cargar,a estar sin desaparecer,a cuidar sin sobre-entregarse,a vincularnos desde un lugar donde ambas partes pueden respirar.

Y está profundamente ligada a la Tierra.A su forma de nutrir sin prisa.De sostener ciclos completos.De no expulsar lo que duele, sino convertirlo en algo fértil con el tiempo.


Un ritual suave para acercarte a este tema

Este ritual no busca sanar rápido ni encontrar respuestas.Es un gesto íntimo para no dejarte sola cuando algo se abre dentro de ti.

Y lo comparto aquí porque este día —con la Virgen de Guadalupe como símbolo de lo materno— toca directamente esas capas: las heridas antiguas, los lugares donde aprendimos a callar, los espacios donde aún buscamos sostén afuera.Para mí, este ritual se ha vuelto una forma de traer esa energía materna hacia adentro: no la idealizada, no la sacrificada, sino una maternidad interna más real, más presente y más mía.

Yo lo uso cuando siento que una herida vieja se asoma, cuando alguna relación despierta inseguridades, o cuando lo materno —en todas sus formas— abre un eco dentro de mí. Lo hago para recordarme que puedo acompañarme como me gustaría haber sido acompañada. Que puedo sostenerme incluso cuando algo duele.


  1. Busca un lugar donde puedas sentarte cómoda, sin prisa.

  2. Coloca tus pies sobre el piso —que la Tierra sea parte del sostén.

  3. Lleva una mano al pecho y otra al centro del vientre.

  4. Respira tres veces lentamente, como diciendo: “Aquí estoy contigo.”

Ahora, en silencio, observa esa parte de ti que duele:una inseguridad, un miedo, un recuerdo, una sensación que se activó con el día, con la figura de la Virgen, con tu historia, con lo materno.

No intentes cambiarla ni entenderla.Solo siéntate a su lado, como te gustaría que alguien se sentara contigo cuando estás vulnerable.

Si te nace, puedes decirte internamente:

“No te dejo sola.Puedo estar aquí contigo mientras esto duele.”

Quédate unos minutos.Este es el gesto: no huir, no forzar claridad, no exigirte nada… solo acompañarte.

Cuando termines, coloca tus manos sobre las piernas y siente cómo tu peso vuelve al cuerpo.Esa presencia —simple, cotidiana, profunda— es una forma de devolverle tono a tu maternidad interna.Es también una manera de honrar el arquetipo de la Virgen no como una figura intocable, sino como un recordatorio de que el sostén también puede nacer en ti.

Un cierre que no cierra

Este tema no se resuelve: se acompaña, se recorre, se deja respirar.Es un camino que volvemos a visitar una y otra vez, como las estaciones.

Hoy solo quise honrarlo.Nombrarlo desde mi propia vivencia.Y abrir un espacio por si este arquetipo, esta fecha o esta herida también te tocan.

Que aprendamos a sostenernos con más ternura.Que encontremos una maternidad interna que no nos suelte.Y que la Tierra, con su sabiduría profunda, nos recuerde que todo tiene su ritmo.🤍🌿


Si este camino de volver a ti, de habitar tus ritmos y de escucharte a través de lo natural te resuena, en mi curso online Medicina Viva profundizo justo en eso: en cómo las plantas, la cocina y los rituales cotidianos pueden convertirse en un sostén real. Ojalá te acompañe si sientes que este es tu momento de entrar más hondo.

Comentarios


bottom of page