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Iniciar el año desde el invierno

Planeación suave, con los pies en la Tierra

Los primeros días del año no los vivo como un arranque, sino como un reposo consciente. En la rueda de la medicina, este momento pertenece al invierno: una estación que no empuja hacia afuera, sino que invita a mirar hacia adentro, ordenar, escuchar y preparar el terreno.

Aunque el calendario marque un nuevo ciclo, la Tierra todavía está recogida. No es tiempo de exigir resultados ni de correr tras lo nuevo, sino de imaginar con calma, de reconocer qué merece energía y qué necesita seguir en silencio.

Por eso, enero lo habito como un espacio de visión y estructura, mientras el cuerpo y el espíritu siguen descansando. Más adelante —cuando la luz comienza a regresar y la semilla empieza a inquietarse bajo la tierra— llega el momento de dar pequeños pasos hacia la acción. Todo tiene su tiempo.

Aquí te comparto las prácticas que uso para planear el año completo sin romper el ritmo del invierno, y que puedes adaptar a tu propia vida. Te sugiero que te prepares una taza con tu infusión favorita, y saques papel y lápiz.



1. Visión del año: mapa mental y energía vital

Antes de pensar en metas concretas, abre un espacio para mirar tu vida como un todo.

Toma una hoja grande o tu cuaderno y dibuja un mapa mental con los grandes bloques de tu vida. Puedes usar, por ejemplo:

  • Cuerpo y salud (yo puse retomar el movimiento diario, y cocinar y comer más en casa)

  • Vínculos y vida compartida (yo puse tiempo de calidad con mi esposo con actividades que queremos realizar juntos, así como los nombres de amigos y familiares con los que quiero estar más presente)

  • Casa y sostén cotidiano (mis propósitos acá son seguir creando y llenando espacios en nuestro hogar, y llevar un orden y plan de finanzas)

  • Carrera / negocio (acá están los objetivos que tengo en KUX-AL este año, incluyendo mi próximo curso online Medicina Viva)

  • Exploración y creatividad (acá anoté mis ganas de aprender a bordar, de seguir aprendiendo a destilar hierbas medicinales, y de darme la oportunidad de tomar clases sueltas de distintas cosas para seguir explorando)

  • Espiritualidad y crecimiento personal (yo quiero tener mayor constancia en mis rituales de luna llena, mi tiempo de altar, y mis sesiones de terapia, así como leer y aprender cosas nuevas)

Para cada bloque:

  • Escribe 2 o 3 cosas esenciales que deseas cuidar o lograr este año.

  • Agrega 2 o 3 deseos suaves, no como exigencia, sino como guía e inspiración.

Este ejercicio no busca abarcarlo todo, sino hacerlo posible y respirable.


2. Aterrizar la visión en la agenda

Con la energía del año más clara, pasa a lo práctico.

Yo prefiero una agenda física, que me permita escribir a mano, subrayar, rayar y tachar sin culpa —hay algo muy poderoso en ver el tiempo materializarse en papel—, pero este ejercicio también puede hacerse en una agenda digital si es lo que mejor se adapta a tu vida.

Revisa tu agenda y marca:

  • Cumpleaños y aniversarios de los vínculos que quieres nutrir

  • Citas médicas, terapias y cuidados del cuerpo

  • Trámites importantes y fechas de pagos

  • Compromisos fijos que ya existen

  • Cualquier cosa nueva que surja de tu visión anual

La intención no es llenar el calendario, sino sostener lo importante para que no quede al final de la lista.


3. Ritmo solar y lunar: recordar los tiempos de la Tierra

El año no solo se organiza por semanas laborales.También se vive en ciclos naturales.

En una hoja especial (que puedes colocar en tu altar o espacio de trabajo):

  • Anota los solsticios y equinoccios

  • Marca las lunas nuevas y lunas llenas del año

Después, lleva estas fechas a tu agenda. No para hacer más, sino para recordar cuándo pausar, cerrar y volver a sembrar intención.


4. Planear desde el cuerpo: sincronía con tu ciclo

Si menstruas, el ciclo puede convertirse en una guía clara y amorosa para organizar tu tiempo. En lugar de exigir la misma energía todas las semanas, esta práctica invita a escuchar el pulso interno.

Puedes usar estos recordatorios por fase:

Fase folicular

  • Movimiento: ejercicio ligero a moderado, caminatas, fuerza suave

  • Trabajo: iniciar ideas, planear, organizar

  • Alimentación: fresca y ligera, proteínas suaves, alimentos energizantes

Fase ovulatoria

  • Movimiento: actividad más intensa, fuerza, cardio, movimiento expansivo

  • Trabajo: comunicar, reunirte, presentar, ejecutar hacia afuera

  • Alimentación: balanceada, nutritiva, buena hidratación

Fase lútea

  • Movimiento: moderado, constante, yoga, pilates, estiramientos

  • Trabajo: revisar, editar, cerrar pendientes

  • Alimentación: reconfortante, estable, apoyo al sistema nervioso

Fase menstrual

  • Movimiento: descanso, estiramientos suaves, pausa consciente

  • Trabajo: mínimo indispensable, reflexión, visión interna

  • Alimentación: caliente, fácil de digerir, rica en minerales

Aprovecha los días de tu fase menstrual —cuando la energía naturalmente se recoge— para mirar el mes siguiente y marcar en tu agenda lo esencial: compromisos, entregas, espacios de descanso y recordatorios alineados con cada fase del ciclo. Planear desde ahí no es una exigencia más, sino una forma de ordenar el tiempo desde la pausa.

5. Rituales cotidianos: estructura que sostiene

Por último, crea un recordatorio visible para el día a día.

En un post-it, tarjeta o hoja pequeña, escribe los bloques esenciales de tu jornada, por ejemplo:

  • Hora de despertar y rutina de la mañana: Yo tengo de meta despertar sin el celular (me compré un reloj para el buró), meditar 15 minutos con un vaso de agua tibia con limón y sal, y hacer 20-30 minutos de movimiento que se ajuste a mi nivel de energía.

  • Espacios para desayuno y comidas. Mis espacios son de 1.5 hrs porque quiero darme oportunidad de cocinarlos las veces que sean posibles.

  • Bloques de trabajo enfocado

  • Descansos

  • Ritual de la tarde o cierre del día: Siempre me baño, prendo un sahumerio y dedico unos minutos en mi altar. Ahora agregué 15 minutos de lectura sin aparatos electrónicos, y 10 minutos de estiramientos)

Colócalo donde lo veas todos los días: tu agenda, el espejo, el escritorio.Estos pequeños rituales sostienen la ejecución sin rigidez y ayudan a que lo importante no se pierda en la prisa.

Un gesto para sellar la planeación

Cuando termines estos ejercicios, guarda tu cuaderno o agenda y prende una vela. No para pedir resultados, sino para agradecer la claridad que ya llegó. Deja que el año repose un poco más contigo. No todo necesita ser activado de inmediato.

Planear el año desde el invierno es un acto de respeto hacia la Tierra y hacia el cuerpo. No todo necesita comenzar ahora. Algunas cosas solo necesitan ser soñadas y ordenadas.

La acción llegará con la luz creciente. Por ahora, que la intención repose, que la visión se asiente y que el descanso siga siendo parte del plan. Si este ritmo resuena contigo, quizá también te guste el enfoque que comparto en mi curso online Medicina Viva, donde aprendemos a vivir y crear en diálogo con los ciclos, no en contra de ellos.

Con calma, Geo 🌿

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