Solsticio de Invierno
- Georgina Schravesande Gutierrez
- 19 dic 2025
- 4 Min. de lectura
Cuando la noche es más larga y la luz comienza a regresar
Aunque en México y en muchas regiones de Centroamérica no vivimos inviernos con nieve ni días tan breves como en las latitudes del norte, el solsticio sigue marcando un cambio sutil pero profundo. La luz también se repliega aquí, el frío se siente en el cuerpo —aunque sea de otra forma— y la Tierra entra en un ritmo más lento, más silencioso.
Nuestros inviernos son distintos, sí, pero no menos significativos. Los bosques respiran distinto, el campo descansa, ciertas plantas se recogen y el cuerpo pide calor, abrigo y contención. Honrar el solsticio desde este territorio no significa imitar otras tradiciones, sino escuchar cómo el ciclo se manifiesta aquí: en las noches frescas, en el humo del copal o del sahumerio, en los caldos, en el fuego encendido al caer la tarde, en la necesidad de estar más cerca de casa.

El punto más oscuro del año
El solsticio de invierno marca la noche más larga del año. A partir de este momento, la luz comienza —muy lentamente— a regresar.No es un cambio abrupto. Es un susurro. Una promesa.
Desde tiempos antiguos, este umbral ha sido reconocido como un momento poderoso: una pausa profunda antes del renacimiento. La Tierra descansa. Las semillas sueñan bajo el suelo. Y nosotras, si escuchamos con atención, también sentimos ese llamado a recogernos, a conservar energía, a sostener el fuego interno.
Yule y las tradiciones paganas del invierno
En muchas culturas paganas de Europa, el solsticio de invierno se celebra como Yule, una festividad que honra el regreso del Sol y la continuidad de la vida incluso en la oscuridad.
Durante Yule se encendían fuegos y velas para llamar de vuelta a la luz, se decoraban los hogares con ramas verdes —pino, abeto, muérdago— como símbolo de vida eterna, y se compartían alimentos sencillos pero reconfortantes. El tronco de Yule se quemaba lentamente, recordando que incluso en la noche más larga, el calor y la luz siguen presentes.
Más allá de los símbolos, Yule nos recuerda algo esencial:la oscuridad no es enemiga de la vida, es parte del ciclo.
El invierno en las tradiciones mesoamericanas
En muchas culturas mesoamericanas, el invierno no se comprendía como la muerte del Sol, sino como un tiempo de recogimiento, resguardo y sostén. Tras la cosecha del maíz, la Tierra entraba en descanso y las comunidades se replegaban hacia el hogar, el fogón y lo esencial. Aun así, el territorio seguía siendo generoso: en muchos lugares la Tierra continuaba ofreciendo cosechas, los días permanecían soleados y el trabajo al aire libre no se detenía del todo; el frío se hacía sentir sobre todo en la sombra y al caer la noche. Era una temporada para conservar el calor, honrar a la Madre Tierra —Tonantzin—, agradecer lo recibido y cuidar las semillas que permanecerían dormidas hasta la siguiente siembra. El fuego, el copal, el temazcal y los alimentos calientes no eran celebraciones espectaculares, sino prácticas cotidianas de protección y equilibrio. Más que marcar un punto astronómico, el invierno se vivía escuchando al territorio: al clima, al suelo, al cuerpo y al ritmo natural de la vida que, incluso en silencio, sigue latiendo.
El ritmo del solsticio: pausa, silencio y fuego interno
El solsticio no pide grandes manifestaciones ni listas interminables de propósitos.Pide honestidad. Quietud. Escucha.
Es un día para aceptar que no todo florece al mismo tiempo, que hay etapas para sembrar hacia adentro, para descansar sin culpa, para soltar lo que ya cumplió su función durante el año que termina.
Aunque culturalmente diciembre esté lleno de encuentros, ruido y exigencias, la Tierra nos recuerda otro ritmo: uno más lento, más íntimo, más verdadero.
Rituales sencillos para el Solsticio de Invierno
No necesitas hacer algo complejo para honrar este día. La intención y la presencia lo son todo.
🔥 Encender una vela con intención
Elige una vela —idealmente de cera natural— y enciéndela al caer la noche.Mientras la flama se estabiliza, nombra en voz baja o en silencio aquello que deseas proteger durante el invierno: tu energía, tu cuerpo, tus vínculos, tus sueños más frágiles.
🌿 Crear un pequeño altar invernal
Coloca ramas verdes, piñas, semillas, frutas secas o algo vivo que represente la continuidad. No para decorar, sino para recordar que la vida no se detiene: se repliega.
✍🏼 Escribir lo que entra en reposo
En un papel, escribe qué aspectos de tu vida necesitan descanso. No para abandonarlos, sino para permitirles transformarse. Guárdalo o quémalo con cuidado como gesto simbólico.
🍲 Preparar algo caliente y sencillo
Una sopa, un caldo, una infusión especiada. Cocinar lento también es ritual. Alimentar el cuerpo es una forma de honrar el ciclo.
🌑 Permitir el silencio
Tal vez el ritual más olvidado. Apagar estímulos. Dormir un poco más. No responder todo. No resolver nada hoy.
Un recordatorio para este umbral
El solsticio de invierno no viene a exigir claridad inmediata.Viene a decirnos que incluso en la noche más larga, la luz ya ha comenzado su regreso.
Que no todo tiene que entenderse ahora.Que descansar también es una forma de confiar.
Que la Tierra sabe esperar… y nos invita a hacer lo mismo.
Si este solsticio resuena contigo, te invito a leer también mi entrada sobre el invierno, donde comparto cómo habitar esta estación con más conciencia y permitir que su ritmo lento y profundo te guíe en tus propios procesos internos.
Y si sientes el llamado a cuidar el cuerpo con más calidez y presencia, quizá te guste leer mi entrada sobre el botiquín invernal: una guía de plantas que acompañan esta temporada de frío con suavidad y respeto por el ritmo del invierno.




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